VIAJES



 

CUANDO ENTRAS POR PRIMERA VEZ EN SIRACUSA, UNA PAZ Y TRANQUILIDAD POCO HABITUAL EN LA CAÓTICA SICILIA SE HACEN DUEÑAS DE TI. 

 


Como si de magia se tratara, todo el estrés y el alboroto del que se caracteriza la gran isla de la antigua Magna Grecia queda a un lado cuando te vas adentrando en la pequeña ciudad de Siracusa, el ruido queda sustituido por la calma y los humos de las vespas italianas parecen haber desaparecido para dar lugar a un blanco abrumador y pequeñas calles solitarias donde no abunda el gentío. Según Cicerón (106-43 a.C.), escritor, orador y político romano, Siracusa era la ciudad más bella del mundo, y no es para menos.

 
Siracusa es un lugar inaudito. Eso mismo debieron pensar los corintios cuando fundaron la colonia de Siracusa (la segunda colonia griega en la isla) a manos de Arquías en el 734 aC en la pequeña isla de Ortigia, que se encuentra a modo de apéndice en la parte sur de la actual ciudad. La colonización (la metrópolis o ciudad madre enviaba a un conjunto de hombres para que fundara una nueva polis o ciudad en otro territorio) era una práctica muy común en la antigua Grecia por fines de diverso tipo, en su mayoría políticos o comerciales. Los lugares donde se establecería la nueva ciudad eran elegidos por cumplir varias características y en el caso de Siracusa ésta las cumplía todas:

  • lugar de fácil acceso por mar
  • lugar fácil de defender (en una isla próxima a la costa, sobre un promontorio o una colina)
  • lugar rodeado de un territorio rico
  • lugar con aprovisionamiento de agua permanente
Así que con esas llegaron los griegos a esta maravillosa isla. Hoy en día, no tiene mucho que envidiar. Aún se conservan vestigios de su dorada época y lo más impresionante es cómo éstos se han integrado en la modernidad de la ciudad. Ya a la entrada, nada más pasar el puente que separa la zona "continental" de la isla de Ortigia, nos encontramos con las ruinas del antiguo Templo de Apolo descubierto en 1862 y que data de principios del siglo VI a.C. Aunque las ruinas son escasas contrarrestan por su importancia debido a que se trata del templo dórico* períptero** más antiguo de Sicilia.




La otra joya de la ciudad, algo totalmente insólito, es la construcción de la catedral (en el siglo VII dC) sobre el Athenarion o templo de Atenas del siglo V aC. Es algo así como decir que el templo cristiano está literalmente incrustado en la estructura del templo griego. Los muros de la Catedral están sorteados entre las columnas dóricas, manteniendo la estructura antigua y reaprovechando todos los materiales posibles del templo de época anterior. Es algo maravilloso de descubrir a lo que los ojos no dan crédito por su impresionante cohesión.






En la misma plaza, se nos presenta una gigantesca y plateada escultura de un hombre a medio hundir en el propio suelo. Esta figura de grandes dimensiones representa a Arquímedes (S.III aC), matemático griego, físico, inventor, ingeniero, astrónomo... Parece que las grandes personalidades se quedaron en otro tiempo. Arquímedes, natural de Siracusa, murió en la misma ciudad durante la segunda guerra púnica, en el 212 a.C. Conocido por numerosos inventos y teorías matemáticas, destaca el principio de Arquímedes, según el cual todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical y hacia arriba igual al peso de fluido desalojado. Se cuenta que a esta conclusión llegó cuando al tomar un baño observó que el nivel del agua ascendía al introducirse él dentro de la bañera y emocionado por tal descubrimiento salió desnudo por las calles gritando "εὕρηκα, εὕρηκα!" (¡lo encontré, lo encontré!)




A las afueras de la isla de Ortigia se conserva la zona arqueológica de Neápolis, donde podemos visitar varios monumentos arqueológicos que atraen a miles de visitantes cada año. El primero de ellos, y el más impresionante a mi parecer, es el teatro griego, bastante bien conservado en general aunque con algunos visibles desperfectos por el paso del tiempo. La cavea del mismo era una de las más grandes construidas y actualmente parcialmente desaparecida. Aun hoy día se sigue usando como espacio para representaciones teatrales y diferentes eventos y espectáculos.





En la parte izquierda de la entrada podemos divisar los restos del anfiteatro romano, otro de los edificios que se encuentran en esta zona arqueológica, aunque de peor conservación y parcialmente excavado.



Lo que no puede dejar de ver el visitante es la llamada "Oreja de Dionisio", una gran cueva en la roca que tuvo como función principal la de cantera y que impacta por sus grandes dimensiones. Su nombre hace alusión a Dionisio (Dionisio I o Dionisio el Viejo), tirano de Siracusa, que encerró en dicha gruta a los prisioneros atenienses para realizar trabajos forzosos en la extracción de la piedra caliza. 




Con todo, no es menos recomendable dar simplemente unos paseos bordeando las murallas de la pequeña isla, perderse por sus calles, admirar los ornamentados edificios y disfrutar de un helado siciliano ante el atardecer de sus rincones o de un café italiano en las terrazas contemplando la serenidad de sus noches.




* Dórico: el más primitivo de los órdenes arquitectónicos clásicos.
** Períptero: edificio rodeado por columnas alineadas en cada uno de sus lados.

 

 

OLIMPO: LA MONTAÑA DE LOS DIOSES

 

¿Cómo te imaginas el Olimpo? Los griegos situaban allí la morada de los dioses y fantaseaban con lujosos palacios y divinos banquetes. Hay representaciones para todos los gustos, casi siempre coincidiendo con una montaña de halo misterioso, envuelta entre tinieblas y de elevada altura. ¿Quieres ver cómo es en realidad? No está tan alejado de como nos lo imaginamos...







Son las 9 de la mañana y nos preparamos para la ascensión al monte Olimpo, la montaña con más altitud de toda Grecia, 2917m. Pero no es sólo eso lo que nos ha traído hasta aquí, sino una larga tradición de leyendas, mitos e historias relacionados con la montaña de los dioses. 



Según Homero, el Olimpo era la casa de Zeus donde además se reunían allí todas las demás divinidades, como muestran los siguientes fragmentos de la Ilíada:

"Y ésta (Atenea) marchó al Olimpo, a la morada de Zeus, portador de la égida, junto a las demás deidades" (Ilíada, I, 221-222). 

"Ve al Olimpo y suplica a Zeus, [...] el de oscuras nubes" (Ilíada, I, 394-396)

"Mas tú, oh diosa, ascendiste y lo soltaste de las ataduras, llamando de inmediato al espacioso Olimpo al Centímano" (Ilíada, I, 401-403)

"A comunicar ese mensaje a Zeus, que se deleita con el rayo, voy yo misma al muy nevado Olimpo [...]. Al duodécimo día regresará al Olimpo, y entonces yo iré a la morada, de broncíneo piso, de Zeus" (Ilíada, I, 419-426)

"Pero al llegar a partir de aquel día la duodécima aurora, entonces volvieron al Olimpo los sempiternos dioses juntos con Zeus a la cabeza [...] y ascendió de mañana al elevado cielo y al Olimpo. (Ilíada, I, 493-497)




 El Olimpo es una montaña impetuosa que impacta por su majestuosidad y por su constante manto blanco de nubes. Dada su altitud, la nubosidad se va acumulando alrededor de la cima creando una atmósfera intrigante y acechadora. Según te vas acercando a la entrada del parque nacional del Olimpo todo respira a montañismo. Es una montaña muy deseada y que goza de mucho respeto tanto por su historia como por la peligrosidad de sus aristas.

Desde el aparcamiento habilitado para los vehículos, donde termina la pista de asfalto, divisamos los diversos senderos que permiten coronar la cima del Olimpo. A mi lado, una de las mejores personas que he conocido en mi vida, un hombre griego presidente durante muchos años del club de montañismo de Kalamata (Grecia), un montañero experimentado que vive las montañas con la ilusión del primer día. Ha subido el Olimpo alrededor de 15 veces, dos por año, una en invierno y otra en verano. De sus palabras llenas de sabiduría, resalta su entusiasmo "Es la mejor montaña, lo tiene todo".

Decidimos desmarcarnos de la ruta tradicional que bordea la cumbre de las montañas aledañas hasta llegar a la ladera del Olimpo y nos aventuramos por una nueva vía abierta hace muy poco por un grupo de montañeros, él entre ellos. Es una ruta más rápida pero con mucho más desnivel que la tradicional. Calculamos que en apenas 4 horas podremos estar en la explanada del refugio, en comparación con las 7-8 horas del camino más transitado. 

La ascensión es pura magia, dejamos nuestra huella por senderos escondidos en el bosque, apenas entreviendo el cielo al mirar hacia las ramas de los árboles. Gracias a algunos claros tenemos ocasión de divisar la cima del Olimpo, siempre cubierta de nubes. El camino discurre fácil a pesar de las previsiones y sólo el último tramo requiere de cierta técnica, con una zona escarpada de rocas y pendiente. 



Cuando llegas a la explanada del Olimpo apenas lo puedes asimilar. Creo que es la visión más impresionante que puedes esperar. Parece que existe otro mundo ahí arriba. Una inmensa pradera verde nos recibe. Bien podrían los dioses haber jugado al fútbol en estos campos, al menos espacio no les habría faltado. Es mediodía y se debe esperar al día siguiente para terminar la ascensión, puesto que las nubes cubren ya toda la cima del monte. Nos separan apenas 100 metros de altitud de nuestra cima y la montaña parece retarnos con la mirada. 


Recorremos las estancias de los dos refugios de montaña que albergan a los
montañeros que suben hasta aquí. Antiguas fotografías, dedicatorias, recuerdos... todo para una montaña de ensueño.

 














Al día siguiente, provistos de cascos para evitar el impacto de las rocas que pueden desprenderse desde la cima, nos encaminamos hacia el trono de Grecia. La ascensión parece tan abrupta que no logras entender bien por dónde transcurre el sendero que a tantos hombres ha llevado a la cumbre. Poco a poco, las señalizaciones van indicando el camino. Algunos de los compañeros que van delante nuestro se paran dubitativos de si continuar o no. Nosotros adelantamos nuestro paso mientras sus siluetas se van quedando cada vez más en la lejanía.





La ascensión de los últimos 100 metros requiere mucha concentración, en especial por el continuo desprendimiento de piedras las cuales alcanzan mucha velocidad en poco tiempo a causa de la pendiente. Es un terreno muy escarpado donde el movimiento se convierte en un juego de manos y pies constantes. Mirar hacia abajo no está recomendado, sin duda se ha de ser un dios para llegar a tan altas esferas. 




Cuando divisas el inicio de la cumbre, un impulso interno se hace dueño del cuerpo y los pies parecen avanzar solos hacia su destino. La respiración se hace profunda y los ojos no dan crédito a lo que ven ante ellos. Una fuerza parece controlar aquel lugar sagrado, donde un vértigo te domina sabiendo que estás en el punto más alto de Grecia, aquel al que los antiguos griegos sentían pavor de tan sólo mirar a lo lejos y sobre el que tantas especulaciones han tenido cabida.

Sin duda, la sensación de estar en la morada de los dioses, es difícilmente explicable... hay que sentirla.

15 de Julio, 2013.

Solo me queda deciros: contemplad las vistas de las que disfrutaban los dioses...













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